martes, 21 de mayo de 2013

CINE MUDO - EL MAQUINISTA DE LA GENERAL (The General, 1927) de Buster Keaton





REIR EN SILENCIO


* * * * *
EXCELENTE


En Keystone, mítica productora pionera especializada en humor, empezaron los más reconocidos cómicos del cine mudo. Entre los numerosos actores que formaron parte de sus filas, destacan Harold Lloyd, Charles Chaplin y Buster Keaton. Su humor absurdo, muy apreciado en su momento por los surrealistas, sigue funcionando hoy en día.

Según las memorias de Keaton, "El maquinista de la General" era su película favorita de todas las que rodó. Su principal mérito reside en su forma de contar la historia. Keaton consigue que los gags no parezcan forzados, sino consecuencia lógica del relato.
Se rodó en la etapa de mayor popularidad del actor, justo antes de su declive, cuando estaba bajo contrato con United Artist, compañía creada entre otros artistas, por Charles Chaplin. Keaton se sentía satisfecho de trabajar en la productora de Chaplin, y recordaba muy positivamente esa etapa, a pesar de que sólo hizo tres películas para la compañía. United Artist apostó fuerte por este trabajo, pues invirtió en la producción una gran suma de dinero.

El argumento se basa en una historia real, el robo de una locomotora a manos de unos espías de la Unión. Este suceso aparecía en el libro "Daring and Suffering: A History of the Great Railway Adventure (Audacia y sufrimiento: Historia de la gran aventura ferroviaria)", de William Pittenberg. El propio Keaton quedó fascinado con la historia del conductor de la máquina, que atravesó una enorme distancia a pie para recuperar su locomotora.

El cómico adaptó libremente la historia, con ayuda de su codirector, Clyde Bruckman y otros guionistas. La película narra la historia de Johnny Gray, un maquinista de la compañía Western & Atlantic enamorado de su locomotora “General” y de su prometida Annabelle Lee. La acción comienza en 1861, justo cuando estalla la guerra civil en Estados Unidos. En ese contexto, el Ejército Norteño de la Unión se apodera de la locomotora favorita de Gray y escapa; su objetivo es sabotear la comunicación ferroviaria del Sur Confederado. El protagonista persigue a los ladrones y al pasar al territorio enemigo se da cuenta de que también han raptado por accidente a Annabelle. Gray entonces se da cuenta de que debe rescatar a sus dos amadas y advertir sobre la ofensiva norteña a los confederados.

Cualquiera podría pensar que se trata de una película más de rescate, o de la Guerra Civil Estadounidense, o lo que fuere. Pero no: la mayor parte del film es una (o varias) persecuciones entre diversas locomotoras sin salirse (obviamente) de los rieles, es decir, una acecho lineal, sin posibilidad de esconderse demasiado. 

Keaton rodó la historia de forma realista, y cuidó especialmente la ambientación, lo que se nota en detalles como los uniformes y objetos. Pretendía utilizar la locomotora real, pero ésta había ido a parar al depósito del ferrocarril de Nashville, cuyos responsables se negaron a darle permiso para llevársela unos días. Así que Keaton tuvo que conformarse con una locomotora prácticamente idéntica.

El momento en el que la que la locomotora cae al río, es la escena más cara de la época del cine mudo, pues costó un millón setecientos mil dólares. En otras ocasiones, Keaton tuvo que economizar, debido al gran número de extras que se necesitaban. En un momento determinado, todos los extras pasaban de un lado a otro de la pantalla vestidos con uniformes sudistas. A continuación, tuvieron que ponerse ropa del ejército de la Unión y caminar hacia el lado contrario de la cámara.

Entre los numerosos actores del reparto, destaca la presencia de varios héroes de guerra famosos en Estados Unidos, entre ellos Joe Keaton, padre del actor, que era oficial del ejército. Durante el rodaje de la batalla final, se desató un incendio en el bosque cercano. Así que Keaton, sus técnicos, y los actores del filme tuvieron que parar la filmación para hacer frente a las llamas.

En este título se aprecian muchas escenas que requieren de una enorme habilidad y forma física por parte de Buster Keaton, que no utilizaba extras, como tampoco lo hacían ninguno de sus compañeros de la época. Entre los numerosos momentos míticos del filme, destaca la imagen de Keaton sentado en la biela de la locomotora mientras ésta se mueve, o cuando gira sobre el tren en el mecanismo del depósito de agua. En suma, chistes visuales que siguen siendo hoy tan efectivos como el primer día.

Keaton no sólo actuaba; dirigía, escribía y producía sus propias películas. Hasta la llegada del cine sonoro se desempeñó como un cineasta independiente. La gran inventiva de las situaciones hace que en toda la película no haya un minuto sin atrapante acción. Las situaciones en las que se ven envueltos los personajes son una más ingeniosa que la otra; los gags van uno detrás de otro, sumando siempre, tal como las millas de un viaje. A poco de empezado el recorrido, el humor nos termina ganando por acumulación de chistes.

El personaje interpretado por Keaton se vende por sí solo desde el momento en que aparece la placa negra que decía “Él tiene dos amores en su vida: su locomotora y…”, luego de lo cual Gray descuelga de la cabina un retrato de Annabelle y se lo guarda en su saco. Johnny Gray Es simple, algo ingenuo y aniñado, incluso torpe, pero también es apasionado por sus amores y su trabajo; se trata de un personaje querible y muy humano. Johnny es movido a actuar en base al amor, ¿y qué sentimiento más humano que ese?

El maquinista de La General es un gran homenaje al cine. Tal vez sin quererlo, en sí misma es una referencia a las primeras proyecciones. La temática ferroviaria estuvo presente desde los más tempranos cortos fílmicos, como por ejemplo La llegada del tren a la estación y Asalto y robo de un tren. De manera curiosa, la película de Keaton trata del robo de un tren, ¡literalmente hablando! De la misma forma, otra temática difundida entre los primeros films fue el western, y si bien El maquinista… es a las claras una comedia, comparte con aquel género la época en la que se desarrolla la historia.

Desde un punto de vista más técnico, llama la atención la calidad de los travellings. Trato de imaginarme el momento mismo de la filmación: seguramente un tren con las cámaras y el equipo de producción yendo a la par de otro tren, el filmado, en el que Keaton hace volteretas y se mueve como si estuviese en el living de su casa. También se destaca la gran producción que debe haber implicado la realización del film: se ven muchísimos extras, hay un gran despliegue de locomotoras -incluso una de ellas es destruida por completo-. Era el año 1927: nada de efectos especiales o de las animaciones por computadora de Harry Potter. Keaton hizo espectacular a su película usando todos elementos reales, pero por sobre todo contando una historia emocionante.

Para algunos El maquinista de La General puede ser una muy buena oportunidad de entrar al cine mudo por la puerta grande; un pasillo directo al vagón de primera clase y con butaca de cara a la ventanilla y con un paisaje de película.

Se estructura del siguiente modo: un pequeño planteamiento introductorio pone en duda las actitudes y sentimientos del maquinista, se plantea el problema –el secuestro de la amada-. Se inicia la persecución a los secuestradores en locomotora, a través del agreste paisaje lleno de peligros. La liberación. El regreso, esta vez perseguidos – a la amada y al gentil hombre les une una relación solidaria de colaboración y esfuerzo-, sin apartarse de las vías del tren. Este suculento juego de gato y ratón, culmina con la victoria, que se proyecta cuando nuestro protagonista, una vez llegado al pueblo, además interviene en la batalla final por defender el hogar. Recuperado el honor –en situaciones dificiles interviene la azarosidad- y el amor, la vida sigue.

Ponerse delante de un público o de una cámara y comenzar a interpretar gags de cachiporrazos, ha sido ejecutado por numerosos personajes. Pero un nivel superior es el de los que consiguen hacer perdurar sus sketchs a través del tiempo. Uno de esos pocos fue Buster Keaton (Pickway, EEUU, 1895). La importancia de la obra de Keaton se ve reflejada en cómicos como Stan Laurel, los Hermanos Marx o Peter Sellers, que forjaron a partir de su estilo un cine del absurdo que, muchas veces, ha sido popularmente más conocido y valorado. 

La hazaña imposible de su personaje es lo que hace moverse a la historia: persecuciones accidentadas, golpes y más golpes, despistes catastróficos, con una factura tan creíble que hacen de esta cinta (y en general de toda la obra de Keaton) un documento incomparable a otros coetáneos del mismo género. 

Sí como el grandioso Chaplin hacía reír durante un film varias veces más que Keaton, siempre hubo en las obras del inglés algo de postizo. Por ejemplo, en la escena de la llegada del tren de Napaloni a Tomania en El gran dictador, la superposición de un tren mezclado con unos vagones de cartón que se zarandean como una caja de cerillas rechinan en el film y restan comicidad. La solidez y credibilidad visuales de El maquinista de la General se deben, en gran medida, a la falta de postizos. En ningún momento aparecen en pantalla superposiciones de imágenes: todos los planos del tren y desde el tren son reales, y todas las peripecias de Buster Keaton por encima de la locomotora son auténticas. 

Los trenes en ningún momento son maquetas, sino que son trenes reales: chocan, descarrilan, y también es auténtico el personaje que cae al río al pasar por un puente en llamas; una escena, esta última, que deja al espectador con la boca abierta y que pasó a la historia como una de las bromas más caras jamás realizada. Este despliegue que Buster Keaton realizaba en sus películas provocó que, cada vez más, los productores dejaran de confiar en sus proyectos. Tras el sinfín de peripecias que Johnny Gray se ve obligado a realizar para recuperar a sus dos amores (la General y su novia secuestrada), yace en el fondo de la trama una búsqueda ingenua, ciega y obstinada de unos ideales que, en este caso, están representados por el amor y por el afán de realizar una vocación profesional. 

Los extras son comunes en toda la colección Buster Keaton que Filmax ha editado en DVD. Primero se nos presenta una introducción en la que se dejan las cosas claras acerca de la persona y obra del autor. Una vez en el menú principal, nos encontraremos con una extensa y muy bien expuesta biografía, y la filmografía completa ordenada por duración del metraje, por la función de Keaton y por el año de su realización.

Dentro del llamado cine cómico americano -en su época muda-, debemos situar a Keaton y a Chaplin, como dos grandes autores, si nos atenemos a los conceptos del llamado cine de autor descrito por Truffaut. Sin desmerecer a Lloyd, Langdon o Turpin; ambos adquieren el rango de cineastas, ejerciendo la producción, la realización, el montaje, la interpretación, aunque sus carreras cinematográficas discurrieron por caminos bien diferentes. Mientras Chaplin traspasa los resortes del sonoro, Keaton, sin embargo, no sobrevive, los acuciantes problemas financieros –incluida la perdida de su productora- y personales, hacen que el genio del humor mal sobreviva al borde de la miseria. Solo tres trabajos hemos de considerar en décadas silentes –como meras participaciones-; El crepúsculo de los dioses, Candilejas, y Golfus de Roma. Su figura se revitalizará, tras su muerte, a través de reposiciones y documentales.

El secreto de Keaton se cimenta sobre el vodevil y la mímica, aspectos que conoce a la perfección, y que le permiten crear una sucesión lógica de gags, que denominamos Slapstick, con la perfección milimétrica de un maestro relojero, ya que nunca los hace dilatarse en el tiempo, interviniendo el azar. Este es un aspecto diferenciador, debemos precisar que nos reímos con Pamplinas –alter ego de Keaton-, no de Pamplinas.

Su rostro inexpresivo y melancólico describe a un hombre sencillo, necesitado de amor, siempre en desventaja con respecto a los demás. Se produce un conflicto, el antihéroe sacara fuerzas de flaqueza para conseguir el respeto, y por supuesto recuperar a su amada, hasta aquí la línea temática de todos sus films. Pero esta lectura importante, no nos permite a simple vista analizar la semilla de su genialidad.

El maquinista de la general, obra maestra del cine, admite todos esos elementos, que el mismo dará forma y los convertirá en puro arte –el arte por el arte, que subscribían los surrealistas, conocedores de su trabajo, y principales valedores suyos en la década de los veinte-.


Clip - link a pelìcula completa:



2 comentarios:

  1. Buster Keaton, es para mí la gran cara del cine mudo. Soy consciente que el más grande, el genio, el no va más es Chaplin, pero para mí, Keaton es el que más me ha trasmitido y me ha hecho reir. ¡Un crack!

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  2. Gracias por leer y comentar! Para muchos, sin dudas, Keaton fue el mas grande!

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